martes, 30 de agosto de 2016

El Moreno y el Rubio "ayudan" en casa



¡Claro que sí! ¡Quién dijo miedo!...soy una mamá implicadísima en la domesticación educación de sus hijos y eso pasa por fomentar la independencia, uno de los hits actuales de crianza con los que sí estoy de acuerdo: comer solitos, vestirse solitos, lavarse solitos, recoger etc.etc., en la medida de sus posibilidades.


 Como consecuencia de tan recomendable pauta educativa, de evitar intervenir, de dejarlos hacer...Estacasa es Mordor. Y me cuesta; hasta a mi, que soy el polo opuesto de una maniática del orden y la limpieza, me cuesta. Mucho. Pero para eso tengo el blog, ¡para hacer terapia!, así que vamos a ello que hoy necesito dosis extra de "medicación" (por necesitar necesitaba una copa de vino pero no hay, fallo garrafal que pienso subsanar esta tarde. Sí amigos, hoy por la tarde toca súper, con el par de dos por supuesto. Lo mío es vicio ya).

 Total que esta mañana, tras una tarde avergonzada por el estado en que Estacasa recibió a una muy querida amiga y a su tropa, decido en un arranque tipo "¡¡estoesunaguarradadecasaalimpiartodoya!!" desempolvar el aspirador y la fregona mientras los rorros son abducidos por Masha y el Oso, que ya son como de la familia. Pero no contaba con dos factores:

1º La afición de mi Rubio a lavadoras, vitros y demás electrodomésticos. Lo del Rubio con el aspirador es ya amor loco. Y...

2º La afición del Moreno a barrer, a la fregona y "ayudar" en todos los modos y maneras posibles exceptuando aquellos que expresamente le pides. Esos no. Los otros modos, los de él.

 En cuanto el aspirador hizo acto de presencia tronando por la casa adelante el jolgorio estaba asegurado. Escucho las pisadas descalzas de mis trotones por el pasillo y en un pis pas ya tenía a uno tirando del cable y a otro sujetando la barra. Tras unos momentos de lucha queda claro quién manda aquí ¡faltaría más!: a pesar de ello consigo que lo suelten, no sin antes convencerlos con un estropajo para el Moreno y papel de cocina para el Rubio. Uno a cada lado de su mesita: dar cera, quitar cera. Así, ayudando a mamá. Y ahí quedan la mar de convencidos mientras yo me vuelvo al aspirador orgullosa de mis técnicas negociadoras. Soy una crack, a Montessori le rodarían las lágrimas de la emoción.

 Medio minuto después los tengo en la posición inicial: uno tirando del cable y otro quitándome la barra. Del estropajo y el papel no hemos vuelto a saber nada, la mesita estaba boca abajo pero sin daños aparentes. Montessori no conocía a mis niños, está claro. Plan B: las escobas. El binomio escoba+recogedor les mola más que un chupa chups en cada mano. Buenooo...tanto no, pero casi. Total que los armo con una escoba a cada uno y el recogedor por libre, acojonaíto perdío supongo, que si el Moreno es bruto el Rubio igual. Quedan concentrados arrastrando las escobas por el suelo, con todo el arte que cabe esperar de su corta edad y un interés reflejado en sus caritas que por un momento hasta me enternece. Ilusa...al poco el mayor hace valer los galones y arrampla con el recogedor + la escoba de su hermano. Que mola más, siempre, sea la que sea. El Rubio enciende la alarma antiaérea ante tamaña injusticia, y ahí me planto yo a poner orden y de paso romperme los tímpanos. Tapón al pequeño, que con el chupo se calla por fin, reprimenda al mayor y retirada de armamento escobil, que así no hay quién coño aspire nada. Plan B mala idea, pasamos al plan C. ¡From lost to the river!: se vienen conmigo. Tras unas instrucciones bien claritas: "¡el aspirador no-se-to-ca!", les encargo recoger los juguetes sembrados por la habitación que voy a aspirar y ahí quedan, uno protestando "¡nonono!" y otro amagando con medio coche en la mano, indeciso total. Suspiro y me voy a guardar escobas y recogedor: craso error. En lo que fuí y vine de la cocina les dio tiempo a tirar del edredón y desparramar por el suelo todo lo que estaba sobre las camas (en Estacasa sobre las camas te encuentras de todo). Mi cara es un poema pero la de mi Moreno más: con la sorisa de oreja a oreja que lo caracteriza anuncia la siguiente hazaña-¡mamá! ¡¡salta-salta!!- Trepa a la cama y procede mientras mi chiqui, que será un gran luchador contra las injusticias del mundo (y que no sabe subir a la cama a saltar) arroja con violenta y justa ira el tapón al suelo y entra nuevamente en modo bocina antiaérea. Ojito que esto iba de recoger y aspirar, nos van a subir las cuotas de la comunidad. 

 Me cabreo y suelto unas cuantas de esas frases que luego el Moreno repite para mi bochorno-descojone, y me los llevo de vuelta a la tele, a rastras y ofendidísimos. Dedo en alto y bien estirado dejo claro que no quiero que muevan ni una pestaña, a través de un discurso repleto de argumentos sólidos acerca de las nulas ganas que tenía yo de limpiar como para hacerlo en semejantes condiciones, totalmente lógico para un público que aún cuenta su edad por meses, o casi... Es que no tenía vino, y yo con una copita barra cerve soy mejor madre, ya lo dije. 

 La firmeza de mi actitud y lo incontestable de mis argumentos hacen que tarden en aparecer lo menos cinco minutos, y que cuando lo hacen (primero el Moreno, siempre de avanzadilla y detrás el Rubio) vayan con cierta prudencia a la hora de encabronar más a mamá. Pero el aspirador es demasiado para ambos y a la que me descuido tiran del cable y lo desenchufan. Se acabó: ¡los dos para la cuna! El Moreno se escurre como una anguila trepando por los barrotes pero no se acaba de decidir a contraatacar y así, con el estrés de la bocina de uno desde la puerta y del otro desde la cuna, remato la faena. Lo que se pudo, claro.




 La comida se resuelve con más pena que gloria y ¡por fin! comen y callan. Cada uno con su plato y su cuchara, concentrados y a dos carrillos zampan el arroz mis carpantitas, momentazo total. Porque en línea con el postulado del inicio comen solitos, los dos. Ellos ... y la ropa, el pelo, la silla y las baldosas, que también reciben su ración. No importa, no hay dolor, da gusto verlos comer. Lavo al primero que termina y lo mudo de arriba a abajo, y con el segundo aprendo y lo llevo directamente a la bañera, acabamos antes. Han comido como pepes y tras el baño mi Rubito cae fundido en brazos de morfeo, angelico. Vuelvo de acostarlo y me encuentro al Moreno "limpiando" el estropicio del suelo de la cocina, con el estrapajo recuperado en una mano y los restos de comida en la otra, y en las piernas, en los calcetos... Ahora sí, va a la bañera. Y también lo empiltro, rechinando los dientes y repitiendo "muy bien cariño, ayudando a mamá".

  Por la tarde va a ir al súper Rita la cantaora, con la coca cola que queda me arreglo, tanta ayuda doméstica ¡cansa mucho!
 


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