lunes, 23 de octubre de 2017

Cinco cosas que pasaban cuando yo era pequeña y ya no




 Este fin de semana ocurrió lo inesperado: tuve tiempo para mi. ¡Sí amigos! Se obró el milagro. El papá libró sorprendenteme un sábado y los nenes el domingo prefirieron jugar en casa a bajar a la calle, con lo que la mañana del sábado y la tarde del domingo fueron, más o menos, para limpiar el wáter digoo hacer el cambio de armarios digoo limpiar la tele que ya no la podíamos ver de la merdê acumulada digooo ¡joer! ¡para mi!

 En consecuencia, me dediqué a darme lujos asiáticos como ir de tiendas y hablar por teléfono. No guasaps, o mensajes hablados de guasap, no: conversaciones. Largas. Sin interrupciones. Lo p...to más.

 Y otro de los lujos asiáticos que me permití fue estar sola. Y dejar ir la cabeza, sí...lo que se conoce como idas de olla pero sin pasar a la acción, sin salirse de la olla digamos. Sanísimas reflexiones/desbarres, tan necesarios además. Porque vivimos en el ojo del huracán y vamos tan revolucionados que no pensamos si lo que hacemos tiene sentido o no: solo en que tenemos que hacerlo y no llegamos. Y en la crianza hay mucho de eso, mucho estrés por hacer lo que se espera sin analizar por qué se hace.

  Así que puestos a analizar, este finde me dió por comparar mi infancia a la de mis hijos. Lo cierto es que en lo esencial es muy parecida: me crié como ellos pegada a una hermana en un hogar de ciudad con papá y mamá. Pero en muchas cosas no puede ser más diferente. Es lógico porque fuí pequeña hace muchos años, ¡en los 70! ...casi ná. Pero también porque la percepción de la infancia era muy distinta; nos querían claro que sí, pero no éramos los reyes de la casa, ese bien preciado y escaso, fiel reflejo del estatus de sus progenitores y, si me apuras, de la familia más extensa. Nos cuidaban y nos protegían, pero menos de lo que ahora cuidamos y protegemos. Y fruto de ello, en general, los hijos dábamos menos trabajo. O los padres entonces pasaban más de nosotros, como querais. Y para muestra un botón:

 -Me recuerdo con cuatro o cinco años jugando en la calle, con mi hermana y dos vecinitas de nuestra edad y ningún adulto. No había coches porque los bloques de viviendas daban por la parte trasera a un descampado, pero igualmente hoy día sería impensable. Nada nos hubiera impedido ir hacia la calle donde circulaban, aunque no recuerdo tener jamás ninguna tentación de hacerlo. Por no mencionar otros peligros horribles...Pues allí estabamos, felices como perdices mientras mamá nos ojeaba desde la ventana de vez en cuando, y ya. Siempre en la calle. Por entonces la tele, la única que había, ni siquiera emitía todo el día. ¿Cómo se las apañaba mi madre? Pues ¡mucho mejor que yo! ¡P,a la calle y listo! Insisto en que vivíamos en ciudad, en un cuarto piso sin ascensor, ¡como para salir por patas a por nosotras!





 Ahora que soy yo la madre, soy carne de parque día sí, día también. Un híbrido entre suricato y camaleón, por aquello de posar un ojo sobre cada retoño. Un coñazo supino, vamos. Y mis niños, carne de tele.

 -Como era muy mala comedora y vivía "del aire" me ponían el mismo plato veinte veces hasta que lo tomaba. Nada de galletas porque "algo tiene que comer", nada de plan B y ¡por supuesto! nada de chuches. La verdad es que sufrí mucho de pequeña por este tema. Y a propósito, mido casi un metro ochenta, el aire resultó ser de lo más nutritivo.

 Ahora que soy yo la madre estoy de vuelta de todo en el tema "niños que no comen"; y no sufro con ello ni quiero que sufra mi hijo. Lo que sufro es el boicot del papá, que les cocina lo que les gusta. Y de la familia extensa cuando nos vemos que lo surte de patatitas, galletitas, danoninos... "es que si no, no come". Y de los comedores escolares, que a veces es de traca el tema (natillas, cola cao con sobao... ¡ole y ole y ole!). Y en cuanto a mi...de adulta como mucho. Mogollón. Un pozo sin fondo, cachissss

 -En el cole los deberes eran para mi. Y con cinco años no tenía deberes. Ni manualidades. Ni nadie se preocupaba lo más mínimo por desarrollar mi creatividad. Con cuatro años como tiene mi Moreno no sé ni lo que pasaba, ¡apenas iba al cole!.

 Ahora que soy yo la madre empezamos "la vuelta al mundo" del Moreno: tenemos que llenar su maleta de cosas típicas de cada país que "visite "adjuntando una explicación, con la petición expresa de no limitarnos a copiar de la wikipedia. Y asumiendo con semejante apunte que la tarea es para los papás. O conjunta con el vástago, que queda más disimulado. Posvale. Primer país: Japón. Superfácil. ¡Un tren bala! dice el papá, muy motivado. Voto más por calcar una letra de caligrafía oriental de una sudadera de los críos, previa consulta en google para descartar que fuese china, o cacaculopedopis en japonés. Finalmente una compa del trabajo me da la idea perfecta: ¡haremos la bandera de Japón! Un círculo rojo en medio del folio está al alcance del Moreno. Ocurre que al rorro pintar el círculo le toca un pié, él es más de correr a lo loco con un palo, andevaaparar. Como a mi me toca más que a él ahí quedó la cosa. Y me encantan las manualidades pero no hacerlas yo, sino con ellos ¡como muchísimo!. Y puesto que les riño por tropecientasmil cosas al día me niego a pelear también por las tareas del cole desde tan tierna edad. Así que un año más seremos los parias de la clase, como si lo viera...

  -La operación pañal no existía. Llevábamos pañales hasta que dejábamos de ensuciarnos encima. ¡Cero presión! Me recuerdo con pañales, ahí es nada. 

 Ahora que yo soy la madre ...en fin, no quiero aburriros, ya lo conté aquí.

 -Mi comportamiento no era un problema. Y me portaba fatal. LLoraba por todo, me enfadaba contínuamente... era, en palabras de mi madre, más mala que un dolor. Pero no suponía un problema porque fuera de la familia no socializábamos con nadie. Mi vida era mi casa, el cole, la calle y la casa de los abuelos. No había restaurantes en los que montar pollos, ni hoteles por los que escaparse, ni parques abarrotados de niños desconocidos con los que tener altercados...una sosez. Como mucho me peleaba con mi hermana y mis dos amigas. Y sólo intervenía un adulto si la liábamos muy parda. Muy parda, en los 70, era sangre acompañada de lágrimas de verdad, por menos los adultos no movían una pestaña. Recuerdo el guantazo que me calzó una compañerita en parvulitos por reirme de su apellido. Lo recuerdo a cámara lenta, el calor en la mejilla y el descoloque porque no entendía nada, ella tenía un apellido gracioso, ¿acaso no era para reirse?? 

 Así empezó mi aprendizaje sobre como no hacer amigos en el cole, muy útil. Y ningún adulto asomó la nariz, supongo que éramos tropecientosmil niños, fruto del babyboom sesentero, venga a arrearnos los unos a los otros, y las profes ni se enteraron. Porque recuerdo el que me calzaron, que para eso en mis recuerdos mando yo, solo faltaba. Pero los que arreé yo seguro que tampoco fueron poca cosa. Eramos unos salvajes: no compartíamos, nos chivábamos a diestro y siniestro y en lugar de estimular nuestra creatividad nos la capaban todo lo que podían. Plastilina y dibujos sentaditos en clase e íbamos que chutábamos. En casa ni de coña, queponeistodoperdido. Solo con los abuelos me lo consentían todo, todito, todo y en consecuencia, yo era una malva. Y si no lo era me lo disimulaban y listo (todo todito todo, remember)




 Ahora que soy madre hasta la familia cercana socializa en restaurantes, con la consiguiente tensión por el comportamiento de los rorros. Las casas son pequeñas, la familia está dispersa por varias ciudades y al cansancio del viaje se une el trote por cafeterías y restaurantes. También nos vamos de vacaciones con los niños y quedamos a veces con otros adultos. Esto, con cuatro años, yo no lo recuerdo. Como tampoco veo ahora sopapos como el que me arrearon a mi. En cuanto un nene empuja a otro en el parque saltamos raudas ambas madres (a veces padres) a decir que no se pega, que no se empuja, que hay que guardar el turno, que hay que compartir...y tantas cosas que decimos a los niños aún a sabiendas de que no se enteran. Porque realmente van destinadas al padre del otro niño. Sí, es así y yo también lo hago.

 No digo que antes se hiciese mejor, en el tema de la comida desde luego no, pero lo que está claro es que se estresaban menos. Así que este finde decidí, en línea con mi actual perfil bajo en general, exigirme menos. Dejarme flojita vaya, ejercer de malamadre total. Que no pasa nada si cenan otra vez leche con galletas, o no bajamos un día al parque, o se zurran de lo lindo como dos minimatones. Don,t worry be happy, conmigo no se estresaron tanto ¡y tan poco salí tan mal!





jueves, 19 de octubre de 2017

Como niños, o peor



 En el trabajo, justo después de comer, se escucha el silencio roto únicamente por conversaciones breves con clientes y el tacatacatá de unos dedos rápidos sobre el teclado. Con el sopor de la comida me cuesta mantener la concentración sobre las pantallas y los ojos me pican, impidiéndome comprobar si la razón de no avanzar en la simulación del ordenador es un error en algún parámetro o que nuevamente se quedó colgado, cuestión importante porque es urgente enviar la propuesta a su destinatario (como siempre...)

 Y en esto, en medio del tedio de la sobremesa y el estrés por la pantalla que no avanza, a nuestras espaldas se oye un golpe seco y una voz femenina que exclama sorprendida: "¡Ay!, ¡que se me caen las ciruelas!" 

 Del grupo, mujeres adultas, profesionales y sesudas a más no poder comienzan a elevarse unas risillas que, espoleadas por comentarios del tipo "¡chica, sujétalas bien...!" "¡ojito con las ciruelas...!" "...a mi se me cayeron hace años y ahí siguen, en el suelo..." etc.etc. acaban siendo carcajadas. Y así nos tiramos un rato, desbarrando, mientras el único varón presente también se descojona.

  Al rato volvemos al tajo como si fuéramos gente seria y normal, disimulando nuestras ganas de cachondeo aporreando teclados y conversando con clientes. Los que no hablan por teléfono, mantienen el silencio necesario para no estorbar las llamadas y permitir la concentración de todos en nuestras respectivas tareas: revisar listados de descubiertos, preparar propuestas de inversión, analizar préstamos, tramitar gestiones varias, responder correos etc.etc.etc. Súperemocionante todo. Y esto, como digo, justo después de comer y sin café. Si es que se veía venir...

 Dos compañeras mantenían por lo bajo una charla sobre las bondades de tal o cual jefe. En un momento dado, una de ellas suelta: "la verdad es que fuí afortunada, todos los que tuve por encima se portaron siempre muy bien conmigo"

 Pausa...silencio preñado...

 Y explosión. Risas incontenibles. Lágrimas y dolor de costillas. Algún ¡chist! ¡chist! en un esfuerzo inútil para no molestar a los que hablaban por teléfono. Y felicitaciones muy efusivas a la afortunada por parte de todas las féminas presentes, mientras nuestro único hombre se reía hasta la congestión.  

 Y así todos los días, o casi. ¡Ayyy, si no fuera por estos ratos!

   




martes, 17 de octubre de 2017

Queman Galicia




 La verdad que, con las cosas que están pasando, da apuro sentarse a teclear sobre problemas domésticos y comeduras de tarro maternales. Se diría que últimamente vamos de una bomba informativa a otra, a cada cual peor, aunque nada hacía presagiar el desenlace de los últimos días. 

jueves, 12 de octubre de 2017

Mea culpa





...porque hablo demasiado
...porque grito
...porque pago con los niños los errores de otros

 En definitiva, porque cuando algo no va bien y me siento como una olla express a punto de explotar, son los niños los que suben un punto de calor al fuego...

 Mea culpa.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El duelo por una muerte inesperada

  


 Permitidme que escriba hoy una entrada menos jocosa de lo habitual...a veces me ocurre. Y mira que soy de las de sacarle punta a todo, punta humorística se entiende, pero hay temas en los que es harto difícil hacerlo. O imposible. Mejor dicho, es posible pero está feo, no apetece y ...no procede. La muerte es uno de esos temas. Y la muerte inesperada de un ser querido mucho más. Si ese ser querido es un hijo, entonces el humor está totalmente fuera de lugar.

domingo, 3 de septiembre de 2017

¿Por qué lo llaman "operación pañal" cuando quieren decir "operación colegio"?

  


 Haced la prueba: poned en google "operación pañal"...y alucinad: cientos y cientos de blogs, revistas para padres, incluso pediatras hablando sobre lo mismo, con mantras más o menos repetidos. La lactancia materna y la operación pañal son los temas estrella en la crianza. Aquí os dejo una entrada sobre el tema del bloguero Un papá en prácticas que me ha gustado bastante. Hoy toca hablar del pañal, del descontrol de esfínteres que hay que llevar a cabo entre los dos y tres años, aproximadamente, y del comienzo del cole.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Un bolso de madre...


  En un bolsillo exterior, pequeño y plano, guardas los cromos de los Super Wings con los que un amigo entretuvo un día a tus rorros y que te apropiaste, y un kleenex arrugado, no se sabe bien si limpio o a medio usar. Además llevas también una lámina de minipegatinas que te dieron en el médico hace tiempo, y a la que ya casi no le quedan.
  
 En otro bolsillo, este con cremallera, los auriculares del móvil ¡siempre a mano! y una galletita empaquetada de las que dan en los bares con el café. Las guardas para engatusar a tus retoños cuando pinten bastos (rabietas, volver a casa, bajarse del columpio, soltar un juguete...) lo mismo que los cromos de los Super Wings y que las pegatinas. También guardas aquí cualquier envoltorio hecho un gurruño, resto orgánico (del tipo manzana masticada o intento de merienda que no triunfó) envuelto en un pañuelo, o toallita usada que recalaron allí en ausencia de una papelera cercana. Y que allí se quedarán una laaarga temporada con gran probabilidad.

jueves, 24 de agosto de 2017

Cumpleaños feliz




 Se calza solito, se viste solito con ayuda, y me echa del baño cuando se sienta en el trono. 
  
 Me pregunta "¿cómo se llama?" ante la imagen de cualquier animal. Le gustan mucho, como a mi.

 También le gustan mucho los números y contar cosas, y al Rubio igual, esta afición a la aritmética elemental sí que no me la explico, será cosa del papá...

miércoles, 23 de agosto de 2017

Crónicas de una enferma crónica, episodio II: vivir con migraña.


 Hoy quiero hablaros otra vez de mi tortura favorita: la migraña. Como seguramente sabeis se trata de un tipo de dolor de cabeza severo, de naturaleza pulsátil, que comienza afectando a un lado de la cabeza, generalmente una sien para acabar, si no se trata, en un estallido de dolor y naúseas que revuelve el cuerpoentero. Si no se trata ooo...si no responde al tratamiento, que todo puede ser, o si confundimos la migraña con otro tipo de dolor de cabeza y nos tomamos un paracetamol, que también, o si lo hacemos todo fetén pero nos obligamos a mantenernos activos enmedio de un entorno hostil para un migrañoso, que suele ocurrir, porque no siempre podemos tumbarnos a oscuras cuando sabemos que la cosa no va bien...

domingo, 20 de agosto de 2017

Vacaciones, vacaciones



¡Henos aquí! ¡Henos, de Pravia! Ya estamos de vuelta en casita tras unos días de vacaciones y dos mil kilómetros en el cuerpo, ¡ole y ole!. Volvemos cansados, desconectados de la rutina, rojos como cangrejos digoo con colorcillo, un montón de kilos de más y un montón de pasta de menos. Y con unas cuantas experiencias acumuladas en la memoria. Lo normal de las vacaciones, vamos. 

sábado, 29 de julio de 2017

Adults only: elegir un hotel sin niños



 ¡Ya tenemos las vacaciones reservadas!. Estoy que exploto: tras un sinfín de peripecias intentando encajar lo inencajable (una semana de vacaciones nivel sultanes para cuatro personas en Agosto, y con presupuesto ajustadillo), por fin puedo decir que encontré la solución ideal a precio de medio riñón, y no de riñón y medio como es habitual este mes. Moraleja: jamás, repito, jamás, te vayas de vacaciones en Agosto, si puedes evitarlo. Nosotros no podíamos, así que estoy feliz por encontrar un precio razonable sin renunciar a las vacaciones que busco.

miércoles, 26 de julio de 2017

Desaparecida en combate


   Que no, que nooo, que no estoy desaparecida en combate. Sigo aquí: entre maricosas y pitopótamos, entre márgenes y descubiertos, entre la ventana que no cierra y la ducha rota, el parque de los páfaros y la playa, los préstamos y los seguros de vida, el súper y el pato wc...
  

jueves, 15 de junio de 2017

La lactancia materna



 Recientemente hemos vivido la feliz noticia de un nuevo nacimiento. Tras un examen de control, ya en la recta final del embarazo, la que iba a suponer una más en las ene-mil revisiones rutinarias a las que se someten las embarazadas en las últimas semanas, se convirtió en un ingreso y en el parto del chiquitín. Así, ¡a lo loco! sin bolsa de maternidad y lo que es peor ¡sin cargar el móvil! Un despropósito vaya, pero un despropósito muy feliz.
  

domingo, 4 de junio de 2017

La gallinita del Moreno




 ¿Ondestá la gallina? Mami, ¿la gallina? Ame la gallina, mamá- pide el Moreno estos días insistentemente, encantado con una gallinita de trapo procedente de una granja heredada de sus primos. Tenemos la granja y un montón de animalitos, todos de tela, pero a mi mayor le interesa solo la gallinita. Juega a que pone huevos, sospechosamente parecidos a piedras y la lanza por los aires de continuo en un vano intento por que vuele, como cualquier pájaro, o más bien como cualquier juguete que cae en sus manos. De hecho buscar la dichosa gallina es el deporte principal últimamente en Estacasa, junto con localizar playeros y calzoncillos limpios (la operación pañal es lo que tiene).

 Total que esta mañana para el paseo no consigo que dejen a los animalitos en casa y bajan el Rubio con un caballito y el Moreno, ¡como no!, con la gallina. Y entre lanzamientos salvajes de la susodicha tobogán abajo y columpio arriba, escucho como mi Moreno se apresta a salvarla a grito pelao, de los peligros que él mismo le provoca:

 -¡Voy a descatate! ¡No te muevas, "Chicaleta"!- Y ya, para el descojone general mío y de los demás papás del parque, se oye de pronto el inconfundible grito de guerra de cualquier mozo de la edad del Moreno: "¡no hay nada impocible... pada la patulla canina!!" Y así siguió, encantado de la vida, estresando a la pobre gallinita en lanzamientos cada vez más inverosímiles que la dejaban a merced de peligrosos "rescates".  Cuando no la rescataba Chase, la rescataba Marshall... o Ravel... y así toda la mañana.

 Se desveló el misterio: la gallina es "Chicaleta". ¡Acabáramos!

lunes, 29 de mayo de 2017

39 y medio de fiebre


¡Lástima que lo único que tuvimos en común fue la pose!


 La cabeza ardiendo, los pies helados, lo llevo en brazos hasta la cama de mi dormitorio mientras apoya su mejilla en mi hombro dejándose caer totalmente, como un saco de patatas. ¡El, que normalmente no aguanta ni un segundo amarrado a nada...!