martes, 23 de agosto de 2016

Cuidar de un bebé: ¿realmente es tan duro?




 No falla, abres cualquier revista digital o de las otras en la que se hable de padres primerizos, de la llegada de un bebé a casa, y se describe una situación que parece totalmente fuera de control: que si las hormonas famosas del postparto, que si el recién nacido es casi un extraterrestre, la vida familiar patas arriba... todo descontrolado. ¿Realmente es así? ¿Es tan difícil cuidar a un recién nacido?

 

 La respuesta en mi caso es no, en absoluto. Confieso que cada vez que leo algo de este tipo, y hay muchísimo publicado, me parece una exageración. LLamadme irresponsable pero para mi empezar en un trabajo nuevo, conocer a los padres de tu pareja o incluso firmar una hipoteca, es infinitamente más estresante que llevarme a mi bebé a casa.

 Yo, con mis rorros recién nacidos, salía del hospital caminito de nuestro nido más feliz que unas castañuelas, y más ancha que un ocho. En lo último en que pensaba era en "si seré capaz" o en lo que "se me venía encima" ... ¿De verdad las mamás al volver a casa con nuestro hijo nos agobiamos pensando en eso? Me vais a perdonar el "sobramiento", pero ¡claro que somos capaces! y además eso habrá que pensarlo antes... digo yo.   

 Al lado de criar a tentetiesos en adelante lo de mis bebés de pequeños fue Jauja (tentetieso: dícese del bebé ya grandote que camina pero con mucha inestabilidad). Es verdad que mi Moreno, como ya conté aquí, fue un bebé buenísimo y muy fácil de criar. Mi Rubio sin embargo no tanto, era un bebé normal que lloraba y demás, pero salvo algún día especialmente complicado no hubo nada que me desbordase. Por eso escribo esto, porque con todo lo que he leído y leeré sobre embarazo, parto, postparto, crianza y demás con nada me siento menos identificada que con la supuesta dureza de adaptarse a un bebé recién nacido en casa. ¡Y mira que se escribe sobre eso! Igual es que éramos la ost.. muy listos, que todo puede ser, o muy irresponsables, que también, pero ni abrumados por las dudas, ni corriendo al médico cada dos por tres, ni inseguros para bañarlos, cambiarlos, cortarles las uñas...ni sin saber qué hacer con ellos...ni na



 Y es que ¡coño! eres una adulta: internet + filtro de tus neuronas= dudas resueltas. Todas, o casi: de lactancia, de medicamentos, de lo que es normal y lo que no, de cuando ir al médico corriendo y cuando se debe esperar a la evolución...Hay montones de webs serias y accesibles donde consultar, pediatras on line a porrillo para contrastar la información o directamente la Asociación Española de Pediatría, webs de apoyo a la lactancia, donde te explican...todo; y un largsimo etcétera. No tuve que luchar con ningún problema recalcitrante tipo mastitis, complicaciones del postparto, o cólicos del lactante, esto debo dejarlo claro. Pero a veces tengo la sensación de que nos intentan vender como dificilísimo algo que, por lo general, va como la seda.

 Con mi mayor aprendí a dar de mamar en exclusiva, y con mi peque, más llorón, aprendí a calmarlo y a calmarme yo también, de paso. Hubo momentos tensos pero nada desbordante. Y nada, nada que ver con el estrés y las dificultades a las que me enfrento ahora, que tienen año y medio y tres años. La época de bebés-bebés para mi es la época plácida y fácil, así como lo cuento. Me fue bien con los dos...bien es cierto que ahora me va como el culo con los dos también, no presumo de nada. Al final es lo que decía en el enlace de más arriba, la vida siempre lo equilibra todo, debe ser el karma...de los coj.




 Algo que a estas alturas del oficio maternal tengo claro meridiano es la importancia del temperamento del nene. No somos libros en blanco donde nuestros educadores escriben el patrón de nuestro carácter: nos moldeamos, sí, pero el grueso viene instalado de serie. Por eso evito dar consejos sobre cómo hacer para que las cosas con un recién nacido vayan rodadas, aunque crea a pies juntillas en lo que yo hice. Porque igual con un tercer bebé me tendría que comer mis palabras, así que mejor ser prudente. Con mis niños funcionó la santísima trinidad, a saber: lactancia materna+ porteo +colecho. El mayor fue un bendito y el colecho con él un gustazo y una comodidad total. El menor se llevó con dignidad a base de mucho porteo callejero y casero amenizado con la gallina turuleta y sus amiguitos versión Mad Mix, pasillo arriba, pasillo abajo, que la que acababa turuleta al final era yo. Y pobre de mi como me callase barra sentase, que sonaba otra vez la alarma antiaérea y ¡vuelta a empezar!

No tientes tu suerte...mejor cuélgatelo del fular y haz unas cuantas millas más por el pasillo...para asegurar...


Pero como madre calmar su llanto era sobre todo una satisfacción y un privilegio, mi privilegio. Sólo mío. Porque lo conseguía, más pronto o más tarde ocurría. Si no con el pecho con los paseos en el fular, con las canciones...Recuerdo el cansancio pero sobre todo recuerdo su ceño eternamente fruncido, el chupete en turbo y esos ojazos clavados en mi...que no se cerraban ni a tiros...dos de la mañana, tres...y en el fondo-fondo el orgullo de sentir su mirada como si yo fuese lo único en el universo. Y es que para mi bebé lo era...¡ay! qué tiempos...

 Los bebés que acaban por calmarse, que comen bien, que casi siempre dejan dormir y dan muchas más satisfacciones que trabajo existen, no son rarezas. Si encima son bebés muy buscados y deseadísimos como fueron mis hijos la diversión está servida, así que ¡a disfrutarlos!

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