martes, 5 de julio de 2016

¡Como en los viejos tiempos!


 Me dice una de mis más-mejores amigas que este sábado podemos ir a la finca de otra amiga detodalavida. Comentamos por guasap la jugada: básicamente la logística, la seguridad y ¡fundamental! la confianza con los asistentes. Afortunadamente seremos nosotros tres, mis dos amigas y la mamá de la anfitriona con lo que los estragos de mis rorros quedarían "en familia". Estupendo. Decido que vamos.

  Me preocupa la piscina porque a mis enanos les rechifla el agua pero serán dos adultas a vigilarlos. Sí, solo dos, la mamá al final no viene y yo pienso hacer dejación de funciones descaradamente. ¿Acaso en la gestión empresarial no es fundamental saber delegar? Pues ale, ese sábado estaba dispuesta a hacer un curso acelerado: mis amigas con los nenes y yo con la sangría como una marquesa. Con un par.


  Llegamos y descubrimos un jardín estupendo, amplio y despejado, con dos barreños con agua caldeada al sol para el jolgorio de mis enanos, cada uno con tropecientos juguetes. Campo y más campo para explorar. Mesa puesta para las señoras con todo tipo de pecados comestibles y bebibles. Cachondeo y risas aseguradas; aunque confieso que con lo charlatana que soy me sorprendí a mi misma calladita contemplando el sol entre las ramas, la brisa y a ratos el silencio. Mis nenes sin separarse de los barreños, yo sin separame de la sangría...todo correcto.

  De pronto aparece una cuarta mosquetera a la que por las vueltas de la vida veo menos. Llega y desde el minuto uno siento que el tiempo no pasó. Somos las mismas cuatro que hace 20 años. La misma complicidad, las mismas bromas, las mismas burradas...las mismiticas ganas de pasarlo bien de siempre. Mis nenes siguen dándolo todo en el agua ajenos a la felicidad de su madre. Les basta con la suya propia: dadles un barreño y una regaderita y moverán el mundo....o será que se mueve por efecto de la sangría, lo mismo es eso.

  Nada cambia a pesar de los años,...¿o sí? Hay dos niños que antes no estaban, canas que antes no estaban, incluso un bizcocho que antes no estaba (a una le ha dado por la repostería, claro que a mi me dió por los hijos, ¡quién soy yo para juzgar!) Hay experiencias que antes tampoco estaban. Y preocupaciones, y responsabilidades que no teníamos. Incluso ausencias que antes, afortunadas éramos... no estaban. Pero nuestra complicidad sí estaba, como siempre. Y me sentí feliz. Feliz con mis amigas detodalavida, feliz con mis niños, con compartirlos con ellas. Nada como regresar al hogar de las relaciones de afecto con la gente a la que quieres. Y si es con personal alegre, con ganas de disfrutar y en una finca preciosa mejor. Y si por el mismo precio te cuidan a los nenes yaaaa...es la caña. 


  Señoras, hay que repetir. Si puede ser sin nenes, solitas las cuatro. Que nadie piense en cuatro mujeres tipo Sexo en Nueva York porque lo nuestro tira más por Las Chicas de Oro: terapia de grupo en torno a la mesa de la cocina y reirnos hasta de nuestra sombra. ¿Y entonces por qué sin nenes?

 Pues porque me pasa como al marido de Sofía Petrillo (ya sabeis: "-Sicilia, año tal y Pascual-") cuando al anunciar que salía a tomar el aire Sofía replicaba que en la casa había aire de sobra...

 "-el aire me gusta con cerveza-".

Por eso.



2 comentarios:

  1. JajajaJajaja!!!!
    Es genial!!! Y los niños son un amor. Para comérselos!!!!!

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  2. Señora Viñán, lo dicho, hay que repetir!
    Bicos miles

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