sábado, 4 de febrero de 2017

El lado oscuro de la maternidad






 No soy de titulares, de preguntas de sí o no o de elecciones categóricas; lo mío es enrrollarme, matizar, analizar en profundidad las cosas (o intentarlo), con lo que en el 90% de los casos el posible blanco o negro se transforma en la conocida gama de grises. Si me preguntan: ¿qué es lo mejor de ser madre?, soltaría un inacabable discurso sobre todo tipo de emociones, del amor sin mesura, del instinto de protección, del arrobo total por los hijos etc.etc. exponiendo mil y una pequeñas felicidades (ayyyyyyns) y siendo totalmente incapaz de concretar. Sin embargo, si me hacen la pregunta opuesta: ¿qué es lo peor de la maternidad?, sorprendentemente lo tengo muy claro. Para mi, lo peor de la maternidad es el aislamiento.

 La frase no es mía, es de una de las blogueras que seguí durante años, no estoy segura al cien por cien pero creo que fue Eva Quevedo en su Blog de Madre quién la escribió. No puedo estar más de acuerdo, al menos en mi experiencia de maternidad extreme, con dos beibis seguidos, hasta hace bien poco sola y ahora con el papá, sin ayuda familiar por las circunstancias y sin dejar de trabajar. 

 Y es que uno puede planificar las cosas al máximo, sopesar pros y contras, imaginar el cómo será... y todo lo que queramos pero la realidad supera a la ficción y, desde luego, te supera a ti también, las más de las veces. Piensas, en tu inocencia, que te agenciarás una canguro de vez en cuando para disfrutar de un rato a solas con el papá. Que cuando él esté en casa tu podrás salir y airearte. Que verás de vez en cuando a tus amigas gallegas. Que también de vez en cuando harás alguna escapada. No pides mucho, es factible, ¿qué problema hay? Ya no estás sola, los años duros de madre full time acabaron, ¡por fin estais juntos! Pues tu realidad actual dice que nones. No sabes muy bien como, pero el respiro que se suponía llegaría con el reencuentro familiar ... no llega. 

 Porque como leí en una ocasión la vida no es como se planea, si no como se presenta. ¡Y tanto! Resultó que los turnos de trabajo del papá y mi horario actual, que no es igual todos los días, hicieron misión casi imposible encontrar una canguro que se adaptase a nuestras locas necesidades. Encontrada esta, tenemos que las noches las dedica a trabajar en un restaurante, con lo que darnos cuartelillo al padre y a mi para salir juntos y solos no pudo ser. Por otro lado, apenas veo a los niños durante la semana porque trabajo lejos y entre la jornada propiamente dicha y los desplazamientos el día se me va. Sin embargo el finde los tengo enteritos para mi, porque el papá suele trabajar bastante los sábados y domingos. Con lo que no los veo mucho, pero a la vez no tengo tiempo para mi.




 A veces coincidimos los dos y entonces aprovechamos para salir...por separado, se entiende. Uno siempre con los nenes y otro a sus cosas. Hoy me tocó a mi, me di un paseo aunque llovía. Necesitaba salir. Las calles estaban llenas de tiendas pero ya no sé ir de rebajas como no sea para los nenes, perdí la costumbre (y mis últimas experiencias con las compras recomiendan no recuperarla, como ya conté aquí) Y me sentí bien peeeero...un poco sola. Un poco mucho, la verdad. ¡Y mira que soy una paseanta nata!, me encanta. Es solo que hace mucho tiempo que no lo hago en otra compañía que los nenes, y se ve que esta costumbre desgraciadamente también la voy perdiendo. ¿Habeis probado a pasear con dos nenes de dos y tres años? ¿no? Pues no lo hagais, vivís felicísimos caminando sin deteneros cada dos por tres y sin que el tiempo sin gritos barra lloros barra peleas se cuente por microsegundos.

 La compañía que quería hoy era la del papá. Los dos solitos, con los cuerpos pegados bajo el paraguas, como dos novios (añosos, pero novios al fin) Sin hablar demasiado, sin un rumbo fijo, simplemente caminar juntos y solos acompasando el paso. No recuerdo cuando ocurrió por última vez, las poquísimas veces que estando los dos libres quedaron los nenes al cuidado de otros fue para hacer algún trámite o gestión, no para el ocio. Y hoy en mi paseo añoré mucho al papá esa es la verdad.

 Otras veces (muchas) son las amigas las que añoro como paseantas. Para hablar por los codos mucho esta vez, para reirnos, para cagarnos en toloquesemenea, para hacer terapia y soltar presión, vamos, para disfrutar como cosacas. Quedaba el mundontero en perfecto estado de revista tras el "repaso" que le dábamos. Y nosotras quedábamos aún mucho mejor, ¡con las pilas bien cargadas! 

 Hace mucho tiempo ya que no tengo estas sencillas pero efectivísimas válvulas de escape. No me quejo, la vida me ha compensado con creces. Pero lo que decía al principio, si tengo que decir qué es lo más duro de ser madre, en mis circunstancias al menos, lo tengo claro.

 

2 comentarios:

  1. Y lo que nos quedará por ver.
    .....
    Cousas veredes querido Sancho!!!!

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  2. Ya te digo!
    Y a mi que me da...que querías comentar en la entrada siguiente, la de la abeja Maya? Puede ser, marieta? Si es así perdóname, chica. Seguro q como autora del blog lo podría cambiar peeeero... no tengo ni idea de cómo se hace...

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