miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuatro meses en Asturias



  Hace tiempo que me ronda por la cabeza escribir sobre mi nuevo terruño y sobre mis primos hermanos (gallegos y asturianos, ya sabeis... Y si no sabeis acabo de encontrar un interesantísimo hilo al respecto en Forocoches que lo explica divinamente...o lo intenta. Yo es que soy muy de documentarme). 


 ¿Que no sabeis qué es forocoches?? Pues como enfemenino, pero para tíos. ¿Que no sabeis qué es enfemenino?? El forocoches de las tías. Aclarado, ¿no? ¿Que qué hago yo leyendo los dos? Coño, documentarme. Y partirme de risa las más de las veces, eso también. Hombres y mujeres estamos fatal.

Así que tras cuatro meses viviendo en estos lares y un finde asomando la patita por la oferta paisajística y cultural de asturias voy a contaros mis impresiones sobre el cambio. Si es que es tanto el cambio, que lo mismo no. Somos muy cercanos no solo geográficamente, y cuesta poco o nada adaptarse.

 Lo primero es confesar que, como escribí en algún post anterior, no echo de menos mi casa demasiado. Hombre! alguna vez...me pongo morriñenta, sí, pero en general estoy muy contenta y tanto Oviedo como Gijón me gustan. Además llevo poco tiempo y todavía siento la emoción de la novedad. Pero si me gusta es en buena parte por aquellas cosas que nos distinguen, esos "exotismos" digamos son justo los que me hacen gracia. Me resulta simpática esa exaltación de lo asturiano, ese orgullo de lo propio que a los gallegos en general nos falta. Y digo bien en general, porque a mi en particular me sobra, soy de esas personas que están encantadas de haberse conocido pero reconozco que no es lo común entre mis paisanos. 

 Por ejemplo, me resulta chocante pero muy simpático que en pleno centro de Oviedo el reloj de un edificio singular, que aloja a una empresa privada muy conocida allá y absolutamente seria, anuncie cada hora mediante un carrillón que toca a campanazo limpio el "asturias patria querida", la canción popular que tuvieron la enorme inteligencia de adoptar como himno oficial en lugar de otra composición de más fuste digamos. Pido desde ya que el reloj del ayuntamiento de A Coruña marque las horas con la rianxeira. Abriría un change.org de esos, si supiera cómo.

 Otro ejemplo: en el centro de Gijón, en apenas unas manzanas nos encontremos las calles Asturias, Covadonga, Pelayo, Cabrales y Jovellanos. Ole ahí!.

 Lo de Jovellanos yaaaa... es excesivo. Tenemos la calle Jovellanos y en ella la biblioteca Jovellanos y el Real Instituto Jovellanos. Y más al sur otro instituto Jovellanos, que a mi pregunta de cómo es que hay dos me responden - "sí, dos, ¡claro! ¡el nuevo y el viejo!". A poco que salimos de  su calle encontramos el Teatro Jovellanos, la plaza Jovellanos, el Museo Jovellanos y la estatua de Jovellanos, que no está en su plaza si no en la plaza 6 de agosto, ¡menos mal! ...No cantemos victoria, se la llama así por la fecha en que Jovellanos retornó de Palma de Mallorca, donde estuvo preso en el castillo de Bellver. Hace muchos años visité su celda y, a pesar de saber que era asturiano, hasta llegar aquí siempre lo asocié a Mallorca. Gracias a mis primos y su empeño puedo afirmar que tengo claríiiiiiisimo que Jovellanos es de Gijón, vaya que sí. Hay placas con frases atribuídas a él por todo el paseo marítimo, hay hasta un "ruta de Jovellanos". Jovellanos a mis primos de Gijón les mola mucho, me queda claro. 

 Otra cosa que me gusta de Asturias es la sidra. Me pongo de pie ante el corro de sillas presidido por el terapeuta y tras saludarme todos a una por mi nombre hago mi confesión: bebo sidra como un paisano. Mi inmersión asturianil en ese sentido es total. Solo me falta aprender a escanciar, porque llevo mal eso de esperar a que me sirvan, no poder trasegar a mi ritmo no es para mi, me gusta ir a mi bola. En la sidrería no se puede, penica. Si toca un camarero avispao vamos bien, si están a tope o se dispersan es una incomodidad. Pero con todo y con eso me gusta la sidra. Natural y escanciada. Esta rica-rica, está fría, apenas tiene alcohol, me relaja y no me da dolor de cabeza. Una joya.  

 Del resto de la gastronomía que he ido probando hasta ahora me quedo con la gallega con una importantísima excepción: la fabada. Pero no cualquier fabada: la de un reconocido restaurante cercano a Oviedo que se precia de hacer la mejor del mundo mundial. La hace, doy fe, aunque en esto como en todo hay opiniones. La mía está clara: la mejor que he probado. Esa fabada es una religión para mi. Estoy un poco descreída últimamente porque apenas salgo pero en cuanto pueda volveré al culto, palabrita. 

 Como digo, me encuentro muy a gusto. Con muchas ganas de disponer de tiempo para disfrutar de Asturias como se merece y ver algo más que la autovía Gijón-Oviedo a bordo del Alsa cuando voy a trabajar. Que sí, es muy asturiano también si lo pienso pero hablo de otro tipo de turisteo. Estoy a gusto de verdad y tengo el mar, tengo el clima... será que lo más parecido a estar en casa es ir a casa de los primos.

 

 

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