domingo, 29 de enero de 2017

Limpiar la casa es un castigo del inframundo




 En Estacasa estamos todo el día barriendo migas, siempre migas: de pan, de tostadas, de galleta...siempre, por todos lados. Paramos porque nos aburrimos, o porque hay que ir a trabajar, o porque tenemos una vida... pero no porque acabemos de barrerlas. Siempre hay migas, cuando acabas con las del dormitorio te las encuentras en el baño, cuando barres las del baño aparecen en el sofá, de las sueltas que salen facilitas y de las aplastadas que ni enchufándolas con el aspirador al máximo. Siempre migas, forever and ever, everywhere...


 Y en esas estaba mi santo un día, barriendo migas en la cocina, cuando de pronto alza la vista y me anuncia: soy Sísifo. Y una vez que me traduce el significado de esas dos palabras comprendo de pronto que no sólo él, yo también soy Sísifo. En realidad todas y todos los amos de casa lo somos, condenados como él a repetir incesantemente las mismas penosas tareas una y otra vez en un bucle sin fin.

 La cuestión es que cuando tienes niños pequeños la piedra que empujas montaña arriba hasta que impepinablemente vuelva a caer en cuanto alcanzas la cima, (y vuelta a empezar), pesa una tonelada más y la montaña es el doble de empinada. Vamos, que mantener el hogar presentable se vuelve una tarea odiosamente repetitiva y tiránica que roza ya la absurdez. Vaya por delante que toda la vida he odiado limpiar la casa y que hasta hace poco tuve asistenta, incluso cuando vivía solita, en la era pre-niños. Pero ahora no tenemos y es una carencia que me roba hasta las mismiticas ganas de vivir, porque esto es deseperante. Cómo Sísifo, vivimos castigados en el inframundo de las tareas del hogar. Porque veamos...

 1-Los nenes se levantan y "desayunan", que es como llamamos en Estacasa a tirar la leche y a sentarse sobre trozos blandurrios de galleta. En una buena mañana la cosa queda ahí; en una durilla las viandas del desayuno y el resto del menaje mañanero caen en combate por el suelo, a ser posible con resbalón de los protagonistas incluído, mejor aún si es en modo espatarre y sí, yo también soy protagonista.

 2-Los rorros atacan en cualquier descuido mientras tú haces otra cosa, muchas veces limpiar en otra pieza de la casa, para más inri. Y así, mientras friegas el pasillo ellos se ponen ciegos a heladitos de chocolote recién pescados del congelador, repartiendo sonrisas y manazas por doquier, felicísimos claro. O te informan a gritos: - ¡mía mía mamá! ¡el Rubio está "fugando" con "larena"! ...y no, no tenemos arena en casa, pero sí un bote de azúcar y otro de cola cao. ¡Y yo que pensaba que aquel había sido un desayuno de los buenos!...

 3- Los llevas a la tele para que te dejen mudar sus camas tranquila. Cuando acabas y vuelves al salón descubres que han esparcido por todas partes el montón de ropa seleccionada y doblada cuidadosamente con la esperanza de ahorrarte la plancha. Salen disparados ante tu reprimenda y cuando terminas de recoger y doblar otra vez todo te los encuentras saltando sobre sus camitas recién hechas mientras almohadas y muñecos vuelan por los aires.

 4- El día continúa con una sucesión de peticiones, algunas las entiendes: "¡mamá! ¡socolate!", "¡mamá! ¡gaieta!" y otras ...otras no: "¡mamá! ¡flusflugen!...¡mamaaaaá! ¡¡flusflugeeen!!...¡¡flusflugeeeeennn!!! ¡¡¡mamaaaaaaaaá!!!". Esto unido a las inevitables broncas entre hermanos contribuye a que la limpieza del wáter sea todavía más agradable de lo que es.

 5- Al mediodía se sientan a comer y un nuevo tsunami arrasa con el trabajito de limpieza post-desayuno. Otra vez a barrer, otra vez a pasar la fregona, otra vez a depegar pegotes sin identificar de las patas de las sillas...Deberían inventar una cocina que se autolimpiase, ahí dejo la idea...

 ¿Habrá un trabajo más absurdo que este? Lo dudo, de verdad. La merienda suele ir mejor pero la cena es otro pequeño desastre y, tras acostarlos, siempre el mismo dilema terrible me asalta: ¿me piro a disfrutar de mi rato de gloria o primero limpio otra vez para no cagarme en todo mañana? Según el nivel de vagancia que arrastre así obro: hoy por ejemplo, que escribo tras acostarlos, ganó la prudencia y el runrún del lavavajillas me acompaña en estas horas de dolor... 

 Porque las noches suelen ser tranquilas pero no se puede cantar victoria: es posible que dos figuras surjan de la oscuridad con el aspecto de las hijas de Zapatero en un mal día para que los mudes, a ellos y a sus camas, por culpa de un virus que poco después vuelve a actuar, iniciando nuevamente el bucle de mudas varias. 

 El Moreno, fan declarado de las canciones de los payasos de la tele, me pide siempre que se las ponga. Pero como en el cole están enseñándoles las formas, se le cruzaron los cables y dice: "¡mamá! ¡había una vez un "círculo"! Y sí, ¡desde luego que lo hay!... un "círculo" infernal, y un circo infernal también. Estamos condenados a repetir una y otra vez el mismo trabajo aún a sabiendas de que no servirá de nada. No sé...¿no podríamos poner de moda las migas, digo yo? ¿O alquilar un hogar impoluto por horas, para cuando vengan las visitas? 

 Mmmm, veo un nicho de mercado sin explotar en todo esto...



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2 comentarios:

  1. Votada
    Como bien dices el día a día es un simparar, pero bueno, podría ser peor... podría llover.
    Me estoy devanando los sesos intentando averiguar qué es el flusflugen...
    Saludos.

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  2. ¡Gracias Elvis! ni idea de qué es el flusflugen, estamos igual...no sabes cuantas veces la gente se gira hacia mi para que "traduzca" al Moreno yyy... no tengo ni la más remota idea de lo que dice. Quedo fatal,

    ... si algún día lo averiguo, prometo contarlo.
    Un abrazo

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