miércoles, 23 de agosto de 2017

Crónicas de una enferma crónica, episodio II: vivir con migraña.


 Hoy quiero hablaros otra vez de mi tortura favorita: la migraña. Como seguramente sabeis se trata de un tipo de dolor de cabeza severo, de naturaleza pulsátil, que comienza afectando a un lado de la cabeza, generalmente una sien para acabar, si no se trata, en un estallido de dolor y naúseas que revuelve el cuerpoentero. Si no se trata ooo...si no responde al tratamiento, que todo puede ser, o si confundimos la migraña con otro tipo de dolor de cabeza y nos tomamos un paracetamol, que también, o si lo hacemos todo fetén pero nos obligamos a mantenernos activos enmedio de un entorno hostil para un migrañoso, que suele ocurrir, porque no siempre podemos tumbarnos a oscuras cuando sabemos que la cosa no va bien...



 Y es que los migrañosos tenemos una vida, que se parece mucho a la del resto de los mortales, mira qué casualidad. Y ya me diréis cómo de fácil lo tendríais para acostaros a oscuras en cuanto notais los primeros síntomas, vamos, ¡lo más accesible del mundo! Y lo más entendible para la sociedad occidental: -"mira, voy a echarme un rato, es que me duele la cabeza, encárgate tú de mi trabajo/los niños/acudir a tal o cual cita ineludible/ estudiar/ o lo que sea, que es que a mi me da la risa..." Y esto cada dos por tres, porque las enfermedades crónicas es lo que tienen, no se pasan una vez y yastá... ¡Sencillísimo vamos!  

 Tenemos una vida, o eso pretendemos. Y de eso va el post de hoy, de cómo una jaquecosa como yo aspira a vivir como si no lo fuese. O dicho de otra manera, de cómo convivir con la migraña. Cómo estudiar, trabajar, salir por ahí, criar hijos y en definitiva, ¡vivir! siendo migrañoso.



 ¿Cómo hacerlo? ...pues mal, os lo digo desde ya. Y es que es curioso como una enfermedad en teoría tan frecuente es tan poco conocida. A lo mejor es que no es tan frecuente como dicen, estoy convencida de ello, porque casos como el mío he conocido pocos. Ni siquiera en mi misma familia, donde a todos más a menos nos duele la cabeza. Me llevé la peor parte de la herencia genética de largo, si acaso mi abuela materna, por lo que me han contado siempre, pasaba la misma tortura que yo, pero no podría asegurarlo. De todas formas ¿cómo saberlo con certeza? El dolor de cabeza es algo tan común, tan generalizado y con causas tan variadas que muchas veces no puedes fiarte de lo que te cuenten tus ascendientes. Soy miope y cuando me lo detectaron ninguno de mis padres usaba gafas. Mi hijo es zurdo y no hay nadie zurdo en mi familia ni en la del padre. Sin embargo ambos son caracteres con un factor hereditario clarísimo. Supongo que antes, o te tropezabas con las paredes o veías de p.m. y las gafas eran un esnobismo. Y la zurdera se "solucionaba" obligando a la pobre criatura a utilizar la mano derecha, a palos si hacía falta. Y de este modo saltan las sorpresas en la descendencia, en plan "en mi familia no hay nadie así...debe ser en la tuya". Como quiera que sea, yo inauguré la temporada de migrañas entre los míos, como ya conté aquí, y aunque algún familiar más joven sufrió varios episodios de momento sigo llevándome la palma. De largo. Bien es verdad que la generación siguiente a la mía está formada por varones, la mayoría entrando aún en la adolescencia, crucemos los dedos. Porque como seguramente sabeis, los varones son menos propensos a sufrir de migrañas así que eso que nos ahorramos.

 Pero yo sí las sufro. Y llevo un año especialmente malo. Malísimo, la verdad. No hay que ser un lince para sospechar que el estrés de los tiempos recientes me mata, es así. Pero también tuve temporadas tranquilas con el martillo pilón machacándome la cabeza. ¿Cómo sobrellevarlo? ¿Cómo convivir con el dolor? Y con el eterno sambenito - "pero,¿otra vez te duele la cabeza?" He aquí mis trucos, a los que me agarro como clavos ardiendo para torear mi condición de migrañosa:

 1- El humor. Cuesta eh!...cuando tienes una crisis no estás para chistes. Pero cuando no, sí. Como ahora. ¡El sentido del humor que no falte! y si es gore, más. Todas las alusiones a guillotinas, cortes de hacha etc.etc. son bienvenidas. Recuerdo cuando una de mis amigas detodalavida comentó lo ideal que sería poderme separar del cráneo la arteria palpitante con una aguja de ganchillar: la sola imagen de dejar a la puñetera arteria latiendo rabiosamente pero alejada de mi cráneo ya me supuso un alivio.




 2- La información. Como en todo, la información es poder. Saber lo que me pasa, lo que se sabe hoy día de los desencadenantes de la migraña, los neuroreceptores, la serotonina de los cojones, los puñeteros estrógenos, el nervio trigémino etc.etc. Las transmisión del dolor y el progreso a los distintos tejidos y sistemas del cuerpo, cómo actúan los triptanes (los medicamentos antimigrañosos por antonomasia) y por qué es tan importante tomarlos cuanto antes. Incluso las teorías más peregrinas, que dicho sea de paso abundan, me interesan. La migraña es un terreno abonado para las pseudociencias, como mal crónico y doloroso que afecta fundamentalmente a mujeres. Pues es sabido que somos esas ciudadanas de segunda medio piradas cuya mala salud es fruto siempre del estrés y una mala alimentación. Ah! y de la falta de ejercicio, quesmuybuenoparalasalud. No hay más que poner migraña en google para flipar con la cantidad de remedios caseros para el dolor de cabeza que aparecen en los primeros puestos. Como si una migraña fuese un "dolor de cabeza" sin más. Pues esa desinformación, la de las plantas y tisanas que "desintoxican" el cuerpo también me las leo, ¡por si acaso!. Y ya luego filtro lo que haya que filtrar.

Como este, miles. Naturalmente además.


 3-La educación del entorno. No el general, el amplio, eso es un trabajito de chinos que abandoné hace muchos años: realmente nunca lo asumí. Desde el cariño absoluto lo doy por perdido. Es contarle a alguien lo que me pasa y cronometrar en segundos el tiempo que tarda en soltarme que mi problema es por comer cebolla cruda, o que con este tiempo a él/ella también le duele la cabeza, o que a su padre-madre-hermano-pareja le pasaba lo mismito y se le curó así o asá. 

 Y todo con la mejor de las intenciones siempre, lo sé y así lo tomo. De verdad que agradezco el interés, además ¡quién sabe! seguro que alguna de las miles de cosas que me han dicho en estos años tenían una base cierta, pero no me refiero a ese entorno. Hablo del que vive conmigo y en el círculo más cercano: padres, hermanos, amigos, pareja. Ellos sí deben saber de qué va esto, porque facilita mucho la vida y lo contrario es un horror. En este sentido me considero afortunada porque me he sentido siempre comprendida, y ver penita en sus caras es un consuelo. Soy muy mala paciente: me desespero con el dolor. El dolor me vuelve mezquina y egoista, y la indiferencia o la incomprensión lo exacerban; por el contrario ver como se compadecen de mi y se esfuerzan por aliviarme me consuela mucho, muchísimo. Y a eso voy: es importante que el entorno cercano sepa qué hacer y que no. Que tenga tan asumido como yo que la migraña y la menda lerenda vamos en lote, y que aquí mi amiga no sabe de agendas, días especiales planeados con mucha antelación, y que a veces no me queda otra que apearme del mundo caiga quién caiga. Que sepa que debe siempre lamentarlo por mi y no por el trastorno que causo, al que siempre-siempre hay que restarle importancia. Que comentarios tipo -"en realidad yo también quiero irme para casa" - "te acerco a tu casa y así aprovecho y me llevo el libro tal"- y demás mentiras piadosas son siempre bienvenidas. Sé que son mentiras pero molan como si fueran verdad. Siempre, siempre, hay que compadecerme mucho y quitarle hierro a cualquier trastorno que ocasione. Fundamental esto. Y sobre todo...

 4-Los masajes.  Después de los triptanes, si algo puede aliviar mis jaquecas son los masajes. Los profesionales son ideales, pero las friegas realizadas con más o menos arte por cualquier buen samaritano que se me cruce en el camino son bienvenidas también. Cuando toda la musculatura del cuello y la espalda alta están en pie de guerra, el único masaje malo es el que no se da. Me han aliviado con masajes mis padres, mis hermanas, mis parejas, mis sobrinos y una prima. Y por supuesto mis amigas. Y compañeras de trabajo. Y al Morenito lo estoy aleccionando, que recién cumplió cuatro años ahora y tiene que empezar asumir responsabilidades. 

Terapia cráneo-sacral, un flipe


 No en vano uno de los medicamentos que se suministra en urgencias para vencer las migrañas que no ceden con las medicinas habituales es el famoso diazepam, que actúa como un relajante muscular. Y es que en mi caso concreto, estoy convencida de que mi pobre columna vertebral tiene mucho que ver, y para mal, en mis contínuas jaquecas. Como me dijo una vez un fisio mientras me trataba espalda y cuello en plena crisis, "tienes las vértebras retorcidas como una spontex". Vamos, que soy un compendio de virtudes en lo que a cefaleas se refiere: un cerebro migrañoso, y una columna torcida que provoca la aparición de contracturas musculares del tamaño de mandarinas. Una joyita, vaya. 

 5-Llevar siempre antimigrañosos encima. En la bolsa de la playa, en el neceser, en el bolsillo cuando salía a caminar, en el minibolso de las bodas. No sin mis pastis, es mi lema. Siempre llevo encima los triptanes por si acaso. Y en su defecto debo tener localizada una farmacia, a ser posible de las abiertas 24 horas. En Coruña tenía una cerca, aquí en Gijón igual. Pero en Sancti Petri, la semana pasada, no. Y me fundí las pastillas que llevaba en una crisis inusualmente larga. Ocurrió que una noche el Morenito se cayó de la cama y me despertó con su llanto. El martilleo de la sien ya no me dejó volver a dormir: eso y la preocupación al constatar que la migraña no había desaparecido aún a pesar de que "ya tocaba". Con el arsenal habitual de drogas agotado, me dispuse a excursionar dieciseis kilómetros hacia Chiclana en busca de la farmacia de guardia, antes de que el paso trotón de la jaqueca se convirtiese en un galope desatado. Seis de la mañana, sin tener ni idea de por dónde iba me meto en el coche sin comprobar la batería del móvil, que por supuesto estaba bajo mínimos. Murphy nunca decepciona. Además no había usado en la vida google maps pero no me quedó otra. Y la voz cantarina y supernatural (modo irónico on) de las bromas del guasap, digo de google maps, me llevó a mi destino para comprar los triptanes a un adormilado farmacéutico (que me las cobró a precio de caviar iraní, dicho sea de paso). A la vuelta se murió el móvil, pero ya con mi pastilla en circulación me sentía tranquila, como una yonki cualquiera al lograr su dosis. Tras unas cuantas vueltas localicé el hotel y al rato seguía durmiendo como si nada. 

 Peripecias como estas tengo un arsenal en mi haber. Me he quedado sin pastillas en medio de una excursión en el monte. He vomitado en clase, en la oficina, en urgencias desde luego, y este año en un taxi. Vamos, que no me aburro. Y de momento por desgracia la migraña no se va, no se pasa con nada, no tiene cura. Hay que aprender a vivir con ella y minimizar al máximo los factores que la pueden desencadenar, pero sabiendo que ese "máximo" es en realidad un margen pequeño: ella siempre hará acto de presencia. Eso sí, ¡me apaña unos post kilométricos!. Lo añadiré a las otras ventajas que tiene ser migrañoso, que como ya dije las tiene y quedan pendientes para una próxima entrada.


 

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