Un bolso de madre...

En un bolsillo exterior, pequeño y plano, guardas los cromos de los Super Wings con los que un amigo entretuvo un día a tus rorros y que te apropiaste , y un kleenex arrugado, no se sabe bien si limpio o a medio usar. Además llevas también una lámina de minipegatinas que te dieron en el médico hace tiempo, y a la que ya casi no le quedan. En otro bolsillo, este con cremallera, los auriculares del móvil ¡siempre a mano! y una galletita empaquetada de las que dan en los bares con el café. Las guardas para engatusar a tus retoños cuando pinten bastos (rabietas, volver a casa, bajarse del columpio, soltar un juguete...) lo mismo que los cromos de los Super Wings y que las pegatinas. También guardas aquí cualquier envoltorio hecho un gurruño, resto orgánico (del tipo manzana masticada o intento de merienda que no triunfó) envuelto en un pañuelo, o toallita usada que recalaron allí en ausencia de una papelera cercana. Y que allí se quedarán una laaarga tempora...