El día que yo fuí feliz

Ni violines, ni arco iris, ni una maldita florecita . Solo amor, mucho amor. Sobre todo de amor va la entrada de hoy, aviso y amenazo. Me siento feliz. E igual que cuando no, escribo post kilométricos y terapéuticos como este, cuando sí no escribo, no siento la necesidad. Es curioso porque se diría que no le doy importancia, que tengo la suerte de estar casi siempre bien y de que la felicidad sea algo cotidiano que hombre, es así. Pero lo que ocurre en realidad es que, como decían Cristina y Los Subterráneos, normalmente soy feliz solo que no me entero. Mientras que cuando no lo soy mi infelicidad ocupa la primera plana. Y no es justo, ni lógico, ni equitativo. Así que hoy me marco un post sobre lo bien que me va en la vida y por favor, por favor, que no me tenga que arrepentir. Meigas fora y todo eso...no vaya a ser. Ayer fuí feliz. Y tuve la suerte de ser consciente de ello. Mi santo llegó de madrugada de trabajar tras unas veinticuatro horas ...