lunes, 4 de septiembre de 2017

El duelo por una muerte inesperada

  


 Permitidme que escriba hoy una entrada menos jocosa de lo habitual...a veces me ocurre. Y mira que soy de las de sacarle punta a todo, punta humorística se entiende, pero hay temas en los que es harto difícil hacerlo. O imposible. Mejor dicho, es posible pero está feo, no apetece y ...no procede. La muerte es uno de esos temas. Y la muerte inesperada de un ser querido mucho más. Si ese ser querido es un hijo, entonces el humor está totalmente fuera de lugar.



 Hace unas semanas la blogosfera maternal se conmocionaba con la noticia del fallecimiento de la hija no nacida de Carmen Osorio, gijonesa de pro, alma mater del blog No Soy una Drama Mamá y una de las mamás blogueras más conocidas en la actualidad: periodista, presentadora de televisión, finalista en los premios Madresfera de la pasada edición ... en fin, un peso pesado dentro de este mundillo. La seguía habitualmente pero desde que me mudé a su ciudad más todavía, porque me interesa todo lo que cuenta sobre cómo descubrir Gijón y Asturias con niños a cuestas. La conmoción tras publicar en su blog la terrible pérdida sufrida vino por dos vías: una, porque la magia de los internetes hace que establezcamos lazos con muchas personas a quienes no conocemos. Pero otra, y esa es la que me mueve a escribir, por la lucidez y maestría de una madre describiendo con el corazón destrozado una pérdida tan dramática, y a la vez tantas veces silenciada. El post es duro, muy duro aviso, pero elocuente y ...necesario. Ooo ... no sé cómo describirlo, igual necesario no es la palabra, ni valiente tampoco (que lo es, y mucho) Es más que eso: es honesto, sincero, directo, impactante y destila amor por todas las letras. Amor desgarrado, pero amor en definitiva. Ese amor terrible a veces, por doloroso, que solo los hijos pueden provocar.



 Porque no es obligación de nadie narrar estos sentimientos, pero es útil hacerlo para que la sociedad sepa que estas cosas pasan y que quienes las sufren no están solos. Porque apenas se habla de ello cuando todos conocemos casos de niños paridos ya muertos. Porque de alguna manera se les niega a sus destrozados padres el derecho a llorarlos, a recordarlos, a hablar de ellos. A veces parece que en la comodidad de nuestro primer mundo no sabemos cómo tratar con la muerte. Y cuando la muerte es inesperada y contra natura, el golpe es aún mayor. 

 Jamás he vivido una experiencia semejante. Por terrible que sea desear mes tras mes un hijo que no llega (...que lo es) no es comparable a embarazarse y perderlo. Forzosamente, en este segundo caso el dolor ha de ser mucho mayor. En cambio sí viví, desgraciadamente, el duelo por una muerte inesperada: un día, mi madre salió de casa a dar un paseo y ya nunca volvió. No estaba enferma, no tenía ningún achaque, no padecía de nada alarmante y aún así falleció. De repente no estaba y ya nunca volvería. Y fin.

 Conozco la sensación de manos vacías, de no entender nada, de que te han timado. Que no está pasando lo que está pasando, que nopuedeser...que despertarás y se acabará esta broma pesada. Recuerdo haber soñado justamente esto y decirle algo así como "vaya susto mamá, resulta que te habías muerto" Recuerdo muy bien la sensación de estafa, de que te han quitado algo que te corresponde por ley: una abuela para tus futuros hijos, una madre con la que disfrutar de ellos, que entienda como nadie lo que significan para ti. Alguien que envejecerá poco a poco, como mandan los cánones, y a la que cuidarás cuando los años vayan sumando problemas y enfermedades...lo que le pasa a todo el mundo, lo normal. Pero no tendrás nada de eso, te lo han arrebatado y tu rabia e impotencia es dolorosa hasta decir basta. Porque en nuestra feliz y apacible existencia olvidamos que la vida no es justa, ni lógica, ni predecible. Y supongo que así debe ser: indica que habitamos el primer mundo y que nuestras necesidades básicas están más que cubiertas, que disfrutamos de buena salud, nosotros y los nuestros, que no pensamos en la muerte, y eso es bueno. Pero por eso justamente, cuando la muerte ataca contra toda lógica y se cobra una vida inesperada, privándote de lo que considerabas tuyo por derecho el duelo tiene conotaciones muy especiales. 

 En mi caso, criaré a mis niños sin ella: no paseará con nosotros, no los verá caminar, ni estará conmigo cuando les suba la fiebre a ambos, no los verá reirse a carcajadas, ni bailar, no los cogerá en el colo...serán los niños más guapos del mundo mundial y ella nunca sabrá que son sus nietos. Y el hecho de haber llevado sola la crianza hasta hace un año no hizo sino acrecentar su ausencia. En el caso de Carmen tendrá que continuar sabiendo que no abrazará nunca más a su hijita preciosa, que no conocerá a sus hermanos, que todos los pensamientos en los que imaginaba su vida con ella y sus otros churumbeles (tres nenes hermosos) no se harán realidad.


foto de Khurt Williams en Unsplash


 He leído varias veces el post de Carmen y acabo siempre enormemente conmovida. Y a la vez...me gusta mucho. Muchísimo. Es un texto terrible que jamás tendría que haberse escrito pero a su vez ¡es tan bello! Tan hermoso en toda su crudeza que no recuerdo haber leído nada tan conmovedor sobre el amor. El Amor con mayúsculas que no es otro que el de los padres hacia los hijos. Su forma de narrar me resulta muy natural y sincera, amén de profesional porque como todas las buenas blogueras, las "pata negra", huelga decir que escribe muy bien.

 (Esto último que sepais que es francamente difícil, y que cuanto más natural y sencillo es el estilo del autor más complicado es escribir, en el fondo). 

 Os invito a leerlo a los que no lo hayais hecho aún (es probable que sí, ha sido muy comentado incluso en la prensa, aquí os dejo la noticia en La Voz de Galicia) También espero que su pena infinita poco a poco se vaya transformando en un dolor más llevadero, ese que imagino la acompañará el resto de su vida, como a mi el mío, y al que incluso se le llega a tener cariño. 

 Porque, al menos en mi caso, es un dolor casero, íntimo, doméstico diría, de café con leche en la mesa de la cocina, de canciones gallegas que enseño a los nenes y cantaba ella... No está, no sabe que soy mamá, no sabe que tiene dos nietos como dos soles además de los otros dos soles que sí conoció...no puedo entenderlo, ella se fue antes de toda esta maravilla, es un sin sentido de tal magnitud que se queda en mi día a día. Y es un dolor tan triste y a la vez tan...¿dulce?? ¿Puede existir eso? No sé si dulce es la palabra, solo sé que si pudiera quitármelo no lo haría ni loca. Quiero sentir el dolor por la pérdida de mi madre, porque el tiempo lo ha suavizado y a la vez, me sigue conectando con ella. Y deseo de todo corazón que Carmen alcance algún consuelo en el acompañamiento emocionado que todos los que la seguimos en el mundo internetero le brindamos. A ella, y a todas las que como ella han vivido o vivirán pérdidas tan tristes.

 

4 comentarios:

  1. Qué bonito! Y que gran verdad, yo siempre quise recordarla y llorarla algo que muchos no entendían.

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  2. Sí, a veces ocurre esto, y en el caso de las muertes perinatales es frecuente cierta presión para "olvidar", para no "obsesionarse"...Muchas gracias por dejar tu comentario, Katia

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