sábado, 20 de mayo de 2017

Vivo cantando III: menos mal...¡que nos queda Portugal!



 Señores sí, lo confieso: me flipa Eurovisión. Va por rachas, pero incluso en sus años de horas bajas nunca dejó de interesarme y pocas fueron las veces que me lo perdí. Recuerdo los tiempos del "iunaited kindom, ten points-guaiominí, di puá" con cariño peroo... sin nostalgia. Porque de un tiempo a esta parte el evento eurovisivo me interesa y divierte cada vez más, y disfruto las canciones desde que empiezan a salir por los internetes, allá por Febrero más o menos. Me veo los vídeos oficiales y leo todo lo del festival: polémicas por plagio, por designaciones de representantes cuestionadas, por mamoneíllos entre países, y me desespero con las apuestas que nunca dan como ganador a mi candidato. Que lo vivo a tope, vaya.

 

 Disfruto las canciones ... de los demás países, debo aclarar. En las últimas ediciones, a excepción de Pastora Soler las propuestas españolas no me han gustado demasiado. Pero sí muchas otras, temas estupendos llevados por otros países, que junto con el espectáculo en sí y ese rollito festeiro y multicultural hacen que Eurovisión me guste mucho.

 Y sí, lo sé, el festival de Eurovisión no es glamouroso. Es como decir que te gusta Camela, o Locomía. No es fashion, no es cool... no es de personas con estudios. No se entiende que alguien flipe con este Sicut Locutus de Vivaldi, una auténtica pasada para cualquier contralto (no encuentro la versión que más me gusta, esta puede valer) y con Loreen. Creo que tenía razón el personaje de Azarías en la novela de Delibes "Los Santos Inocentes", (un viejo que vivía junto con su hermana en la miseria más absoluta), cuando afirmaba que empeñarse en que los hijos de los pobres aprendieran a leer era un error. "Luego no te sirven ni pa finos ni pa bastos" sentenciaba el buen hombre convencido. Y así me quedé yo también, a medio camino. La colección de música variopinta de mi móvil es un argumento que sustenta la opinión de Azarías. Inapelable. Si bien mi natural optimista y creído a tope me hace pensar que es más bien al revés: no es que musicalmente hablando no valga ni pa fina ni pa basta...¡es que valgo p,a to

 Y para desmontar todos los argumentos contrarios a Eurovisión aquí os dejo un impagable documento periodístico del youtuber y eurofan Iván Rodríguez, desde Porriño city (Pontevedra) para todo el orbe. ¿Lo habeis visto ya? ...bien, por mi parte, nada más que añadir. 
 



 Total, que este año como los anteriores las naranjas Ibáñez...ein?? que me lío. Como todos los años decía me senté frente a la tele dispuesta a disfrutar y sufrir a partes iguales con el Festival de Eurovisión. Y resultó ser uno de los más disfrutados que recuerdo, por tres razones fundamentales, a saber:

 Razón nº1: España no competía. ¡Fuera presión! Nunca viví las votaciones de forma tan relajada como en esta edición (y no como siempre, rezando para arañar algún punto de Malta o similar)...No, este año éramos tan claramente inferiores que ni José María Iñigo se acordaba de mencionar a España en ningún momento, salvo lo mínimo imprescindible antes de nuestra intervención. De hecho en mi opinión ese fue el verdadero fracaso de nuestro representante, y no el dichoso gallo.Todos durante las votaciones estábamos pendientes del resultado en la cabecera de la tabla, y la suerte de España no nos importaba ni a los españoles. Europe´s living a celebration pero España ni estaba, ni se la esperaba, así que relaxing total ¡y a disfrutar!

 Razón nº2: por una vez mis favoritos iban en cabeza. Y mi favorito entre los favoritos más. Esto ocurrió solo con Loreen en el 2012. Los demás años el cabreo que me cogía tras el ninguneo de mis canciones preferidas era importante. Y sobre todo...

 Razón nº3: ¡ganó Portugal!. La canción y el intérprete menos festivaleros que he visto jamás. ¡Pero qué canción! Orgullo vecinal tengo desde que escuché hace meses Amar Pelos Dois, ya os conté aquí que junto con Suecia era mi favorita. Había anunciado a bombo y platillo que este año en Eurovisión yo era portuguesa. Por primera vez voté, y lo hice por Portugal, por supuesto. ¡Y ganó! Pocas cosas nos causan tanta satisfacción a las personas humanas como el triunfo de Cenicienta y la victoria de Portugal, merecidísima, sabe justamente a eso. 

  ¿Que luego el buen hombre se pone intenso y dice cosas como que nunca había visto Eurovisión, o que la música debe ser esto y lo otro?... se lo perdonamos. Lo primero porque es una moda entre los ganadores digamos "alternativos" (pulsa aquí), como para quitarse la caspa eurovisiva. Y lo segundo porque ya lo contestó correctamente el representante de Suecia y flamante quinto puesto de este año (y segundo en mi corazoncito). Así lo cuentan en el diario El Mundo. ¡Ay! ¡qué sería de Eurovisión sin estas tiranteces! 
Afortunadamente el temazo de Portugal es más grande que su intérprete y sus complejos, digo petulancias, digooo opiniones (que me pierdo...) Y su victoria es incontestable, como atestigua el arrase absoluto en las votaciones tanto del jurado como de la audiencia. Así que yo feliz.

 Aunque nada me compensará nunca de la frustación sufrida en 2014, cuando una señora con barba arrebató el triunfo a esta mítica actuación por parte de The Common Linnets en representación de Holanda, que os invito a ver. De hecho, una de las mayores satisfacciones de esta edición fue enterarme por las webs de eurofans de que "Calm after the storm" se considerada la mejor canción eurovisiva de entre las no ganadoras. Es un consuelo. Ahí os la dejo, ¡a disfrutar!




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