martes, 11 de abril de 2017

Vivo cantando: Episodio II


 Hay días chulos. Días en los que una prueba médica importante de un familiar más importante aún sale bien. Días en los que las carcajadas de otro familiar también muy importante se oyen en kilómetros a la redonda, corroborando su recuperación sobre la enfermedad de la tristeza (y haciéndole una peineta, yaquestamos) Días en los que llegas a casa y la alegría de tus niños se compara solo a la de su padre. Días en los que yo misma siento que me comería el mundo.

 Hay días en los que los proyectos se acumulan. Los propios y los ajenos. Días en que alguien de tu entorno te cuenta emocionado que por fin publicará su libro. O que venderá sus diseños bajo su propia marca. Días en los que el blog te da una alegría, demostrando que lo que escribo interesa a más gente. Y te da igual que el día se tuerza, porque te ha pasado esto o lo otro que es guay y vas pisando fuerte por la vida. Hay días chulos, muy chulos de verdad.

Ceeeeeeelebrate good times ¡come on!


 Hace poco tuve uno de esos días. Nos dijeron en el cole que el Morenito tenía aptitudes para la música y que deberíamos llevarlo a una escuela ya. Que destaca, y mucho. En la escuela no sabían que en Estacasa somos mu pesaditos con el tema de cantar y demás. Piensan que somos padres normales, de los que prohiben regalar pianitos, panderetas y demás ocurrencias. Nosotros vamos por libre: estos reyes un pianito a cada uno y un montón de flautas del chino. Si es que están sentenciaos...

 Lo apuntaremos el curso que viene. Y no tenía yo nada claro lo de la academia de música, la verdad. Tendrá cuatro "añazos": con cantar, bailar y dar palmas va aviao, pienso yo. Me preocupa que nos empeñemos en la enseñanza reglada demasiado pronto y nos estampe un violín en la cabeza, que es muy capaz...Pero tras la charla con su profe y la insistencia de la profe de música (y del padre de la criatura, porque debo decir que quería llevarlos desde que escupieron el chupete) cedo, y abro la web de una academia de Gijón, en la que trabaja un conocido del papá. Y alucino. Y se me cae la baba. Y me muero de envidia. Quiero ser el Moreno. Quiero tener cuatro años y empezar con la música de verdad. En el aula de tres-cuatro años a cantar, a bailar, a hacer mis pinitos en un coro, a compartir con otros niños a quienes les gusta cantar como a mi y que también apuntan maneras. Sentir el poder de la manada, que diría César Millán. El enorme placer de compartir con otros aquello que te emociona. Quiero que abran mis oídos a otros ritmos y armonías diferentes a los que escucho en casa. Comenzar a familiarizarme con algunos instrumentos. Y que los profesionales me ayuden a descubrir cuál de las mil facetas de la música es la adecuada para mi: ¿intrumento? (yyy ¿qué instrumento?) ¿Canto? ¿Composición? ¿Danza?

 Todos sabemos la importancia de la música para el desarrollo del cerebro. Lo explica divinamente Un fonendo en Villamocos aquí, dejándome el trabajo hecho. Pero si me hace ilusión es porque además disfruté enormemente cantando, y aún lo hago. Recuerdo mis años de coralista con muchísimo cariño. Esta afición me proporcionó algunos de los mejores momentos de mi vida, y fuí muy feliz. Ahora visualizo a mi nene disfrutando de concierto en concierto y me derrito. Me veo como la madre del Pantojo y tengo que controlar, ¡que cuando me emociono tengo mucho peligro! 


Yo, en un concierto de mis hijos

  Supongo que en nada me daré de bruces con la realidad y mis nenes irán medio obligaos a clase de lo que sea, porque preferirían estar tirados en casa con la tablet. Lo normal en estos casos, o al menos eso me cuentan otros papás. Pero de momento disfruto la satisfacción de oir que destacan en música, ya conté aquí que para nosotros eso es lo más de lo más. Y si se hartan y dejan sus clases siempre podré pedir que me acepten a mi en su lugar. Vamos el papá y yo a sustituirlos ¡encantaos de la vida!

 

2 comentarios:

  1. Desde luego, hasta me apuntaba yo...nada nada que canten y bailen será el próximo Justin Bieber..

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  2. ¡Cómo mínimo! Muchas gracias por comentar, Katia.

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